Como no he ido casi nunca en moto soy un paquete novato y con esta edad ya no quiero salir volando por encima de mi conductor y aterrizar delante, entre un torbellino de vehículos zumbando alrededor. El conductor que me lleva es impulsivo, apasionado, temerario con experiencia, certero en los giros inesperados, preciso en escabullirse entre los coches, atrevido y arriesgado en adelantamientos a autobuses que a mí me parecen mastodontes que habría que dejar pasar...Además, cada pocos segundos, hace un gesto con la mano enguantada hacia otros vehículos o conductores con un ademán nada amistoso. Ignoro sus palabras pero interpreto un significado que me inquieta.

Temo por mis rodillas cada vez que adelantamos o nos adelantan otros vehículos pues veo que sobresalen del cuerpo de la moto un poco más que las del conductor y siento ya casi el golpe venidero con cualquier cosa que se mueva -y se mueve todo-, por eso cierro los ojos, bien apretados. Seguramente también aprieto los dientes pero no soy capaz de tanta atención interior metida en este huracán de conductores arriesgados.

Los colores y las formas de la ciudad se diluyen en trazos luminosos y solo acierto a ver con claridad a las personas o las cosas cuando la moto se detiene, inquieta por volver a la velocidad de la ruta, en un semáforo. Todas las personas que aparecen moviéndose cuando la moto está parada hablan por teléfono a la vez que cruzan; otras van sobre plataformas móviles recientemente de moda en esta ciudad tan apretada y presurosa. Tan capital, tan distante de la pequeña comunidad rural donde vivo, en la que muchas personas aún mayores que yo se desplazan con una admirable lentitud en bicicletas sin marchas y sin tropiezos.

En medio de esta carrera sin pausa mi cabeza metida en el casco da golpes al casco que tengo delante, y así el conductor tiene que soportar mis torpezas además del peligro del itinerario que hacemos. Cloc, y cloc, y otra vez cloc. Estos son los golpes que nos dan los paquetes que llevamos a las espaldas, me digo, los paquetes no integrados del pasado. Estos clocs los llevamos todos, pero intenta no complicar más las cosas, fúndete en este entorno y hazte una con la situación...sigo reflexionando. Hacerse una con el conductor, eso es: que no haya dos cuerpos sobre la máquina, bien: pero si acerco mi cuerpo al de él, los golpes me repercuten a mí también...Respiro. Vamos a ver, vuelvo a decirme, tú tienes otros recursos y otras prácticas, no experimentadas en una moto, pero vamos a intentarlo. Relájate.

Respiro. Me doy cuenta de que no debo aflojarme como si fuera a desmayarme, a punto de caer, como en la estática de Yi Ch'uan. No, caerse aquí sería muy muy peligroso; pero afloja, mantén una distensión muscular con una atención alerta. ¿Es eso? Bien, sí, esto ayuda. Miro con otros ojos el paisaje urbano, incluso puedo leer el nombre de alguna calle: Balmes. Es más, veo algunas tiendas de último grito. Sí, tú has estado con el grito a salir de boca, pero ya no. Mejor. Ahora vamos a ver qué se puede hacer con los clocs.

¡Ah! ¡Pero si llevo casco!, un enorme peso en la cabeza, pues vamos a hacer la “percha”. Sí, es buena idea...un casco te da un peso extra que aplastaría las cervicales y demás vértebras si no fuera porque tienes la percha. ¡Bravo! Vamos a utilizar lo que tenemos a mano: un peso extra en la cabeza conseguirá que estires un extra doble la estructura de la espalda...a lo mejor hay que introducir un ejercicio llamado “el casco” en la práctica, ¿no? Podría ser, pero con visualización, eso sí: solo el casco, nada de carreras en moto, sino el casco y desplazarse como arrastrando canicas. Bueno, esos artefactos con dos ruedas -ni patín ni patinete- que están de moda en BCN a lo mejor nos dan una imagen y una idea. Moverse sin mover un músculo...¿qué te parece? Y encima con una sonrisa de esas que se te han puesto al relajarte y mirar las tiendas y gentes pasando a tu lado a mil por hora. Pero...¿aquí quién se mueve? ¿las calles, las cosas o yo? Uy, uy, uy, esto se está saliendo de madre...deberías hacer Ubekka, sí, aceptar la situación, tener coraje, mantenerte ecuánime en la moto, sí. ¡Ah no! Pero yo no suelto a mi conductor...¿cómo voy a abrir ahora los brazos? Ni lo sueñes, que ya decía mi abuela: nena, tu reza, sí, reza a la Virgen pero ¡sal corriendo!

Bien, me mantengo agarrada al cuerpo que tengo delante. Agarrada sí, pero sin tensión, no te aferres. Es que no llevo guantes y se me hielan las manos si no aprieto un poco sus hombros. Además así le transmito mi presencia...o al menos se entera de que sigo sentada atrás, que no me ha perdido por el camino...Eso es; ofrecer una cariñosa presencia al que te lleva en su moto, no es para menos. Pues bien: ¿qué puedes hacer para no darle cascorros a tu conductor? Pisar el papel, así de fácil: traer y empujar el papel con el yongquan. Pero, ¡un momento! ¿dónde están las plantas de tus pies? En las aletas de la moto, pienso; pues no, ni los traigas ni los lleves a ningún sitio no vaya a ser que la máquina se encabrite más o el conductor se queje: ya tiene bastante con dominar la máquina y la situación, no debe saber lo que intentas hacer a sus espaldas... así que deja los pies quietos.

Pues entonces ¿qué pruebo?

Prueba con la pelvis. La puedes mover y ver qué pasa. Sí, la hago cuchara cuando la moto frena y mi casco no llega al golpe, va bien. Voy a probar lo contrario en el momento del acelerón, pues hay que salir el primero cuando semáforo se pone verde, incluso antes, como una intuición. Verde estaré yo si dura esto...

Al poco me digo: ¿esto de mover la pelvis no está un poco anticuado? Con tantos años que llevas en esta práctica ¿no te has enterado aún de que tooodo empieza en los pies, en la tierra? ¡Ay! Sí,...pero yo no saco los pies de las aletas...¡un momento! ¿dónde están los pies de tu tronco? Sentados en los lomos de la moto. ¡Los isquiones...! eso es, tengo isquiones y sobre ellos me asiento segura...¿ves? De algo te sirve tanto año de cursos: tienes isquiones y los puedes desplazar como plantas de otros pies. Vamos a ello: la atención a los isquiones, la percha, el cloc y los semáforos...¡chica, que tú tienes mucha mili en esto!

Vamos allá. Moto a punto de frenada: pisa isquiones y desplázalos hacia adelante. Puedes responder también si la frenada es brusca, entrénate. Arranque frenético, de esos que te deja la melena atrás: doble movimiento de los isquiones, hunde y desplaza hacia adelante e inmediatamente un poco atrás, déjalos en el centro cuando la velocidad sea constante...pues oye, ¡va bien! ¿Pero esto no es lo mismo que desplazar la pelvis? ¡ Noooo! Ni mucho menos, es más natural, más orgánico, requiere menos esfuerzo, el conductor ni se entera, sigue, sigue practicando. Pero bueno, otra cosa. ¿Puedo poner los isquiones con una separación de ángulo de 45º? Pues.... déjame que lo estudie y a la próxima te contesto. ¿Tú qué sientes? Yo...que me gusta esto de ir en moto, vaya, ¡sí que lo siento..hemos llegado al aparcamiento y se acabó la carrera. Sí, me gusta, me gusta. Mañana más, pero no al otro. Tengo que practicar esto sentada en una banqueta: Si luego va y resulta que todo es cuestión de imaginación... Sí, es eso. Práctica y práctica y más practica. Para no dar golpes ni ir de cabeza...