Si la persona que nos enseña no conoce ni tiene integradas las bases y principios del T’ai Chi Ch’uan, estamos lejos de conseguir una relajación en el sentido profundo de la palabra; aunque ese profesor sepa ejecutar Formas de diferentes estilos y familias, conozca cientos de técnicas, haya escrito libros y dé a entender que tiene el conocimiento.

Por supuesto que hacer la Forma a un ritmo lento y fluido es relajante para nuestro cuerpo y nuestra mente, pero esa misma Forma puede hacer que nuestras rodillas, hombros, caderas, zonas cervical y lumbar se sobrecarguen y sufran (a no ser que nuestras condiciones físicas sean suficientemente sólidas). Vemos así que la relajación que un movimiento suave y fluido debería aportarnos, a la vez puede ser perjudicial para la salud.

Por eso hay tanta gente que tras probar unos años la práctica del T’ai Chi lo deja un poco “defraudada”. De ahí la importancia y responsabilidad de los que enseñamos, ya que parece que la gente va perdiendo credibilidad en nuestro arte.

La única persona a la que he sentido como un maestro de T’ai Chi Ch’uan nos recordaba una y otra vez la importancia de la posición, la proporción y la dirección a la hora de hacer un movimiento o toda la Forma. Si estas bases no están claras en la persona que practica T’ai Chi, es más fácil que su cuerpo vaya hacia la rigidez en lugar de hacia la relajación.

Nuestro error está pues en ese deseo, a veces alimentado por nuestro propio profesor, de aprender más Formas, estilos, Formas con armas… sin haber entendido previamente la biomecánica y los principios del movimiento del ser humano.

Wang Xiang Xiai (de quien recomiendo una entrevista al final de este artículo) afirmaba que el T’ai Chi Ch’uan en un principio eran sólo tres movimientos: Lao San Dao (los Tres Viejos Cortes) y que con el tiempo fueron apareciendo las Formas, primero la de 13 posturas y luego ya mucho más largas. ¿De dónde viene este afán de hacer Formas y más Formas?

Desde mediados del siglo pasado el T’ai Chi Ch’uan se convierte en algo accesible a cualquiera que esté interesado en practicarlo, se exporta a occidente, y gran parte del arte cae en algo exótico, estético, superficial, perdiendo así el entrenamiento interno.

El estudio de la estructura corporal, sus principios, sus proporciones y su biomecánica, es básico y necesario para entender el arte interno. Este estudio pasa por la práctica del Zhang Zhuan (posiciones estáticas) y de ejercicios repetitivos con plena conciencia al realizarlos, para que el cuerpo vaya entendiendo y conectando los diferentes segmentos y articulaciones que lo forman. Pero seamos claros, esto es aburrido y exigente y no atrae a suficientes alumnos.

¿Cómo hacer entonces que la gente se acerque al T’ai Chi? Podemos ver en los parques de nuestras ciudades, en congresos o competiciones y sobretodo en internet infinidad de vídeos de Formas de T’ai Chi; algunas muy sencillas, otras más complicadas, a veces “churriguerescas” que han caído en lo externo, en la apariencia y en la decoración. Reconozco que estéticamente son inmejorables, pero a la vez no respetan los principios y proporciones, y eso va en contra de la relajación de la que hablábamos al principio.

El T’ai Chi nos puede ofrecer mucho más que todo ésto; no sólo al que quiera profundizar en la práctica, también al que dedica una o dos horas a la semana para ir a las clases que se imparten cerca de donde vive.

¿Y qué puede ofrecer un arte marcial interno? además de relajación, nos ofrece concentración, respiración, conexión, unidad, sensibilidad, escucha, gestión de las emociones, fortalecimiento, introspección, razonamiento, espiritualidad…

Cuando hablamos de relajación nos referimos a una “relajación atenta”, si hablamos de un arte marcial (aunque sea de manera simbólica) podemos entender que no se trata de relajarnos en el sofá, sino de relajarnos en una posición de alerta, de estar preparados para responder. Y para una actitud así es importante el cómo pongo el peso en mis pies, la colocación y el sentimiento interno de unidad de todo nuestro cuerpo (las diferentes conexiones), la respiración, la actitud mental…

Un método completo de entrenamiento, tras estudiar la estructura y proporciones corporales, la relajación, el equilibrio y la conexión de cada parte del cuerpo (es decir, después de comprender lo natural e innato de nuestra biomecánica) debe ofrecer ejercicios de fortalecimiento de los tendones y los huesos. Debemos quitarnos la “creencia” de que relajación y fortalecimiento son antagonistas. Es muy diferente fortalecer que muscular (engordar los músculos). Esto tiene como objetivo que la fuerza que se desarrolla en los pies pueda llegar hasta las manos a través de ellos (huesos y tendones); evitando así una fuerza fraccionada y rígida que proviene de los músculos de nuestros hombros y lumbares.

Un método serio evitará posiciones forzadas ya que hacen que nos movamos con dificultad y fuera de nuestros parámetros naturales: si estiramos demasiado los brazos, nuestros hombros y cuello sufrirán; si nuestros pies están demasiado separados, nuestras rodillas y lumbares sufrirán. Si la colocación de nuestros pies no es la correcta no existirá conexión entre ellos y no se podrá generar fuerza interna (forzando así la musculatura de nuestros hombros y espalda).

Me gustaría ahora profundizar en los tres aspectos que comentaba al principio del artículo:

Posición:

-      -  La colocación de nuestros pies es fundamental, debe existir una conexión entre ellos.

-      -  Las rodillas deben estar relajadas y con una ligera flexión.

-      -  Las caderas son la “llave” de unión entre las partes inferior y superior de nuestro cuerpo, por lo tanto es imprescindible que estén relajadas y también con una ligera flexión. Aquí discrepo con la tendencia que todavía existe en algunas escuelas, donde se continúa insistiendo en bascular la pelvis bloqueando las caderas y dificultando el movimiento; creo que es una interpretación errónea de los Clásicos del T’ai Chi Ch’uan cuando señalan que el “coxis se debe adelantar” o que “Ming Men (punto entre la 2ª y 3ª vértebras lumbares) se debe abrir”. Esta posición de la pelvis, desde el punto de vista estructural puede ir dañando a largo plazo los discos intervertebrales de la zona lumbar (es lo que me hace pensar en “interpretación errónea de los Clásicos”). Sin embargo, hay una manera más natural y sencilla para conseguir esos dos objetivos que nos recomiendan los Clásicos, desde la relajación; pero muy complicado de explicarlo por escrito.

-      -  La espalda debe estar recta. Aquí de nuevo hay diferentes interpretaciones, yo me inclino por entender la espalda en su conjunto y no que la columna vertebral deba estar recta. De nuevo conseguiríamos ir dañando los discos intervertebrales… no debemos olvidar que los occidentales tenemos una columna vertebral diferente que los orientales (tienen las curvaturas más reducidas) y que los africanos de raza negra (cuyas curvaturas son más acentuadas). Otra creencia que deberíamos eliminar es que la lordosis (curvaturas lumbar y cervical) es mala. Nuestra columna vertebral necesita de sus cuatro curvas para que las fuerzas hacia abajo y arriba (gravedad-impulso) puedan viajar por ella haciendo trabajar menos la musculatura; también para que en cada paso podamos amortiguar el choque con el suelo. Por eso soy de la opinión que aunque la columna debe estirarse, no se deben eliminar las lordosis.

-       - Los hombros y los brazos relajados.

-       - La cabeza recta y la mirada horizontal

Proporción:

-        Para entender las proporciones naturales e innatas de nuestro cuerpo, el mejor entrenamiento que he conocido es el Zhang Zhuan. Las posiciones estáticas nos brindan la posibilidad de descubrir por nosotros mismos cómo colocar los diferentes segmentos corporales para obtener una mayor relajación.

-        Tras comprender ésto el movimiento se vuelve más natural.

Dirección:

-        Aquí es interesante estudiar los ángulos correctos para ejercer una acción y mantener la conexión interna.

-        Entender que si la acción es con una mano o con dos, el ángulo y posición de nuestro cuerpo debe ser diferente.

 

Aunque todo esto da la impresión de que hace referencia al aspecto marcial del T’ai Chi Ch’uan, no es así. Entre el aspecto de salud y el marcial la diferencia que hay está en la intención de nuestra mente y algunos pequeños detalles. Por mi formación de fisioterapeuta, he querido incidir en el aspecto de salud.

Respecto al aspecto marcial aunque llevo practicándolo bastante tiempo también, no siento por ahora la experiencia ni autoridad para opinar. Pero si alguien está interesado en ello le remito a una entrevista a Wang Xiang Xiai, creador del Yi Ch’uan (a partir del estudio del Xing Yi Ch’uan, Pa Kua y T’ai Chi Ch’uan) en el libro “El Tao del Yiquan” (editorial la Liebre de Marzo) en el que habla del aspecto marcial del T’ai Chi Ch’uan.

Por último decir que hay otro enemigo para poder profundizar en este arte y es el exceso de información que los profesores solemos dar a los alumnos o que el mismo alumno toma de los libros. Información que se queda en lo mental ya que los alumnos no están preparados para integrarla. Saber dar la información cuando es verdaderamente útil es también un arte. El tener la información sin estar preparado nos distraerá y dispersará, nos hará creer que estamos donde no estamos y de nuevo el arte seguirá desvirtuándose.

Como conclusión vuelvo al título de este artículo diciendo que el T’ai Chi Ch’uan es una muy buena herramienta para mejorar nuestra salud, pero depende de cómo lo practiquemos puede empeorarla.