Y es que, si hablamos de competición, hablamos de deporte y por lo tanto de reglas que debemos cumplir. La más importante es el respeto y ahí me dio la impresión que los maestros que había fallaban de lleno. Se enorgullecían cuando ganaban sus discípulos, aunque no fuera limpio el combate. ¿Qué entendemos por Arte Marcial?
Cuando a un profesor le viene un alumno dispuesto a competir y siente en él ese deseo (¿o necesidad?) de ganar a toda costa, tiene una gran responsabilidad para apaciguar y modelar ese ego tan fuerte del alumno; precisamente para ayudarle en su vida. Fuera del tatami ese ego permanece y será causa de sufrimiento en sus relaciones personales y laborales.
Tampoco ayudan muchas películas de Arte Marcial en las que se ensalza el orgullo y la venganza. Estas películas o algunos tipos de combate que se han puesto de moda y en los que se “machaca” sin piedad al contrincante, confunden al joven o adolescente que quiere iniciarse en las Artes Marciales. El caso es que se van perdiendo los valores del Guerrero y es una pena. El luchar por luchar, sin un motivo consciente, ¿de qué nos sirve? ¿Sólo demostrar que somos los mejores? Es cuestión de tiempo, no tardará en llegar alguien que nos vencerá. Siempre tendrá un final este enfoque. Otra vez volvemos al deporte, a la competición, a los gladiadores; y otra vez nos alejamos de lo que es importante: crecer y evolucionar en este camino tan interesante.


La esencia de las cosas no se suele ver, se intuye, se siente, pero rara vez se ve. La esencia del Arte Marcial no puede ser simplemente convertirse en un gran luchador, se quedaría en algo externo y pobre. Tampoco es sólo tener una buena salud, esto es una consecuencia de la práctica. No sirve de nada tener una salud física de hierro y no tenerla emocionalmente en nuestras relaciones sociales, por ejemplo. O negar el aspecto espiritual del Arte marcial. Salud es un concepto muy amplio, en el que, paradójicamente, alguien que padece un cáncer puede ser más “completo” que alguien que no tiene ninguna enfermedad física.
La esencia del Arte Marcial, más allá de lo físico (y teniéndolo muy en cuenta) es cultivar el Ser que encarnamos, crecer como personas, hacer que el ego (necesario, por otro lado, en la sociedad en la que vivimos) no guíe nuestro camino; es ir aumentando nuestra Presencia y Atención, conseguir una relación sana con nosotros mismos, con los demás y con nuestro entorno. Consiste en empoderarse de uno mismo y nunca pretender apoderarse de los demás.
Llega un momento en cualquier camino auténtico en el que debemos transcender lo aprendido (técnicas, atributos, habilidades…) para atravesar un límite y llegar un poco más allá. Si no, nos quedaremos atrapados en lo externo, lo vistoso, lo obvio y superficial. Se trata de transmutar el conocimiento en sabiduría.


No comparto ni la idea del deporte de competición ni la de “todo vale” en este camino, no es lo que me interesa. Para mí, el Arte Marcial es una muy buena herramienta para cultivar la Salud física, emocional, mental y espiritual. Es un camino de autoconocimiento, de superación de uno mismo y de preparación para la vida y por supuesto, la muerte. Es una manera útil para trabajar sobre nuestro ego, ya sea porque se nos da bien, normal o nos cuesta mucho la práctica.
Uno de los riesgos es que, si destacamos en la práctica y no estamos atentos, podemos dejarnos arrastrar por la soberbia; y con “ayuda” de los compañeros y alumnos, inflar nuestro ego en lugar de ir reduciéndolo y apaciguándolo paulatinamente. Lamentablemente es algo que se ve a menudo en el Arte Marcial, pensando que somos mejores o tenemos un estilo superior a los otros… El ego es algo que se esconde en cualquier recoveco de nuestro interior y debemos estar alerta. Puede esconderse detrás de la humildad al igual que de la soberbia, detrás del pacifista igual que del violento. No nos pensemos que por hacer el “bien” estamos exentos de ego.
El combate me parece interesante cuando es un intercambio respetuoso y tiene una finalidad terapéutica para ambos; siempre pactando con el compañero (que no oponente ni contrincante) la intensidad del mismo. Y siendo conscientes de que NO es un combate real. Al decir terapéutico me refiero también a vivirlo como un juego, a disfrutarlo. Según vamos avanzando en edad nos olvidamos de jugar; y perdemos así capacidad de disfrutar, de celebrar, de compartir en una relación horizontal, de igual a igual.
En un combate real, en la calle, no me van a servir las técnicas que aprendo en el tatami, no nos engañemos. Un combate real es luchar por la supervivencia y no tiene reglas; basta con coger una botella y romperla en la cabeza del otro (si no lo hace él antes). Es cruel y animal al cien por cien. Un combate real es el que se da en las guerras. Ahí no hay Arte Marcial, es un “sálvese quien pueda” y “todo está permitido” para sobrevivir.


Otra cosa son los sistemas de defensa personal que sí están enfocados a la lucha real pero de nuevo, no estamos hablando de Arte Marcial. Se caracterizan por ser sistemas con pocas técnicas y una gran efectividad; creando respuestas automáticas y actitudes necesarias en la lucha. En poco tiempo aprendemos a ser efectivos en una lucha callejera. Son muy buenas herramientas de trabajo para la gente que tiene algún tipo de trabajo policial o de vigilancia, por ejemplo; o nos aportan sensación de seguridad en nosotros mismos. Y todo esto es mucho, pero con todo el respeto del mundo, no buscan nada más allá de la efectividad; a eso me refería al decir que no se trata de Arte Marcial.


En el caso de la mayoría de nosotros, no se dan estas circunstancias de guerra ni de tener que vigilar o defender algo. Quizás, entonces, el Arte Marcial nos puede ayudar a detectar el peligro y evitar el enfrentamiento.
Sin embargo, las técnicas de lucha que aprendemos en las Artes Marciales nos ofrecen otros aspectos también interesantes. El combate es simbólico con uno mismo, con nuestros miedos, dificultades, bloqueos… El oponente representa ser nuestra pareja o expareja, padres, hijos, amigos, enemigos, profesor, jefe, compañeros de trabajo, vecinos… Y en el combate aparecen los diferentes conflictos que tenemos con cada uno de ellos. Es un lujo y una buena oportunidad para vernos a nosotros mismos representando, expresando y gestionando un conflicto, que de otro modo, quizás no encararíamos.


De todas formas, hay que tener en cuenta de que el Arte Marcial utiliza gestos y técnicas de lucha y en la sociedad de hoy en día no estamos acostumbrados ni familiarizados con ellos. Es un error asociar el Arte Marcial con la violencia, pero todavía hay mucha gente que hace esta asociación. El Arte Marcial debería aprenderse para evitar una pelea y no para fomentarla. ”El Arte Marcial es para la Paz”
Así, cuando propongo en clase ejercicios por parejas en el que uno ataca y el otro responde de diferentes maneras, a veces veo caras de susto. Hay alumnos a los que les cuesta ponerse a ello y otros que lo disfrutan desde el primer día. Depende de la experiencia de cada uno con respecto al contacto, la agresión y también, con el compañero que le ha tocado. No será casualidad que nos haya tocado con esa determinada persona en ese determinado ejercicio; quizás es más bien causalidad…
Una vez superada esta primera fase el practicante comienza a ver lo interesante del ejercicio y participa con ganas; empieza a “jugar y disfrutar”


Siempre animo a la gente a estudiar y practicar un Arte Marcial, pero que esa práctica alimente también una búsqueda interior; lejos de la idea más bien “machista” de vencer, humillar y demostrar el poder sobre los demás. También es importante buscar un estilo en el que disfrutemos; lo más genuino y auténtico posible y con un profesor competente.
Como empezaba diciendo, el camino del Arte Marcial nos debe llevar a estar más cerca de nosotros mismos y de los demás, a sentir la vida diferente y a actuar desde el Respeto y el Amor.
                      

                                                                                                                                                                                                Juanolo, noviembre ‘17