Tengo un amigo diagnosticado de bipolar desde hace años.

Desde hace años toma mucha medicación por indicación de su médico, un psiquiatra de la S.Social y ha estado internado varias veces con fuertes crisis. Él mismo es terapeuta y tiene muchos conocimentos y voluntad  para ayudar a los demás  y tratar las enfermedades de otra manera. Pero el tratamiento convencional que ha tenido que seguir no ha conseguido evitar que “su mal” vaya en aumento hasta el punto de tener concedida la Invalidez total para trabajar  (él es/era excepcional en su profesión),  y de que se haya ido deteriorando paulatinamente la calidad de su salud y vida.

Pero esta semana, después de pasarlo mal y notar que se estaba acercando una crisis, ha ido a la consulta de su médico para pedir consejo sobre la medicación, y se ha encontrado con un psiquiatra sustituto haciendo el MIR, de origen sudamericano, no sabemos el país.

Al acercarnos a un grupo de práctica, además de buscar el aprendizaje de esa disciplina, buscamos inconscientemente la pertenencia a un grupo. Necesitamos de él, de su apoyo, de su comprensión... y también necesitamos un “papá” (o “mamá”) que nos diga cómo hemos de aprender, cómo hemos de hacer, que nos ayude en el proceso, que nos diga que lo hacemos bien. Todo esto es completamente normal ya que no conozco a nadie sin carencias en su vida. Carencias que de alguna manera nos hacen sufrir, incluso enfermar. Podríamos hablar de esta carencia, de las madres que no llegan, de los padres ausentes... pero no es tema de este artículo. Como decía, sentimos necesidad de pertenecer a un grupo, quizás alentada por la falta de conexión existente en estos días con los demás, incluso en nuestra propia familia. Esta crisis con los “nuestros” nos lleva a buscar fuera de la familia el marco que precisamos para sentirnos protegidos y comprendidos.

En nuestro primer contacto con el Tai Chi, algunos nos quedamos cautivados por él. Además de ser saludable y de los beneficios inmediatos que obtenemos, como relajación y calma, se trata de algo exótico, estético y muy atractivo. Puede que incluso con una corta experiencia en el arte queramos convertirnos en instructores, máxime si nos seduce la imagen que nos hacemos de nuestro profesor. Deseamos librarnos de nuestro trabajo cotidiano y aburrido y cambiar de rumbo nuestras vidas hacia algo que intuimos como mejor; de modo que existen muchas expectativas cuando decidimos dar el paso. No quisiera dar a entender que uno se hace profesor de la noche a la mañana. Considero que aunque el ser profesor se lleva dentro de uno mismo, deberíamos prepararnos para ello. El cómo hacerlo, es algo a decidir por uno mismo (ya que por ahora no existe ninguna formación oficial) y no es el objetivo de este artículo.

¿Tenemos la tendencia a "forzar o forzarnos" en nuestra práctica y vida cotidiana? En este artículo el autor trata de establecer la diferencia entre forzarse y esforzarse, apoyando sus reflexiones en sus conocimientos anatómicos y experiencia docente. Para desarrollar su estudio ha escogido como ejemplo la práctica de los estiramientos, describiendo lo que ocurre a nivel estructural cuando nos sobrepasamos en un esfuerzo, y buscando las raíces psicológicas y sociales de esta actitud.